El etiquetado alimentario, fuente de sabiduría revisada por unos pocos

A pesar de contener información muy valiosa acerca de la composición de un producto, la lista de alérgenos y su fecha de caducidad, un 70% de los españoles encuestados en el 'Estudio sobre el Uso y la Interpretación del Etiquetado de Alimentos' elaborado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN) reconoce que no consulta este tipo de información cuando adquiere un alimento.

01/04/2025

Cuando vamos a hacer la compra en el supermercado nos fijamos en el precio, comprobamos también si hay alguna promoción, en la marca, en la calidad de los productos y en la fecha de caducidad, y, en algunos casos, pasamos por alto aspectos relevantes como la cantidad de azúcar, de ...

Cuando vamos a hacer la compra en el supermercado nos fijamos en el precio, comprobamos también si hay alguna promoción, en la marca, en la calidad de los productos y en la fecha de caducidad, y, en algunos casos, pasamos por alto aspectos relevantes como la cantidad de azúcar, de sal y de grasas que contiene, la fibra, u otro tipo de ingredientes que son desconocidos para nosotras. Según revela el 'Estudio sobre el Uso y la Interpretación del Etiquetado de Alimentos' realizado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN), contando con la colaboración del Grupo Gallo, tan solo un 32,9% de los consumidores manifiesta que revisa el etiquetado, mientras que más del 40% asegura que lo hace de forma ocasional. También los hay que tienen por costumbre consultar esta información con ciertos alimentos (11,8%) y un 9,7% confiesa que no lo hace nunca, según los datos compartidos por Infosalus. Pero basta con hacer la prueba para comprobar que de un producto a otro hay un abismo, pasa con los cereales, los frutos secos envasados, los fiambres ya cortados, las conservas o los cartones de leche, por poner algunos ejemplos, porque, aunque se trate de un comestible con la misma apariencia puede haber sido elaborado con ingredientes diferentes y contar con más cantidad de azúcar, de sal o añadir elementos extra en forma de colorantes, conservantes, potenciadores de sabor, entre otros.

Cuando son preguntados acerca de las razones por las que no revisan el etiquetado de los alimentos los encuestados responden que es porque consideran que la información que se les ofrece no tiene relevancia para su alimentación, no tienen tiempo para pararse a leerla o porque el tamaño de la letra es demasiado pequeño como para verlo con claridad. Otros indican que el contenido no está explicado lo suficientemente claro para comprenderlo. De este modo, un 80% de los usuarios reconoce que no revisa estos datos porque no son claros y "más de la mitad de los encuestados cree que los términos técnicos son de difícil compresión". Por su parte, solo un porcentaje pequeño de los participantes en el informe (6,6%) entiende lo que está escrito. Cabe señalar que a pesar de que la lectura del etiquetado no es una práctica habitual para la mayoría de la población, sí que ha crecido el interés por llevar un estilo de vida más saludable. En relación a lo expuesto, Rosaura Leis, presidenta de la FEN, describe este hecho diciendo que "de manera generalizada, los consumidores no comprenden el contenido de las etiquetas de los productos o no saben cómo interpretarlas adecuadamente. Esto genera una creciente demanda de etiquetas más comprensibles. Además, la preocupación sobre los hábitos alimentarios de los españoles está en aumento, y, cada vez más, buscan tomar decisiones informadas para mejorar su salud. Es crucial tener una mayor educación nutricional y proporcionar información más transparente y accesible para empoderar a los consumidores".

La investigación se llevó a cabo entre los meses de noviembre y diciembre de 2024. En ella participaron más de 4.600 personas de entre 18 y más de 70 años de edad. Uno de los datos relevantes expuestos en el estudio es que las mujeres "con alto poder adquisitivo y alto nivel formativo" son las que más leen el etiquetado de los alimentos. En cambio, los más jóvenes y mayores "con bajo poder adquisitivo" son los que no tienen por costumbre este hábito. También es importante destacar que las personas que tienen pareja, pero no tienen hijos (34,8%) o las que viven solas (33%) son las que dedican un mayor tiempo a revisar la información, mientras que los que están emparejados y con hijos "alegan que la falta de tiempo" es una de las razones por las cuales no consultan la etiqueta (31,6%), tal y como se observa en el perfil de Facebook de la Fundación Española de la Nutrición. 

En cuanto a los elementos que están presentes en las etiquetas de los alimentos que resultan de interés para los españoles, la fecha de caducidad o consumo preferente destaca como el aspecto más importante, así lo indican el 68,9% de los participantes. Le siguen los ingredientes, un dato relevante para el 64,6%, y la información nutricional, con el 62,3% de adeptos. Por otra parte, existe una parte de los encuestados que incluso leyendo el envase por fuera no sabría decir cuál es el "porcentaje de pollo en los caldos", según manifiesta el 44% de los usuarios. 

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) cuenta un vídeo informativo en el que se explican los aspectos en los que conviene prestar atención a la hora de hacer la compra. Uno de ellos es el azúcar, que a pesar de que está presente de forma natural en algunos productos como la fruta, en otros se le añade a mayores. Seguro que al hacer la compra te habrás dado cuenta de que existen alimentos que señalan en su envase la coletilla de "sin azúcares añadidos", pero esto no quiere decir que estén exentos de él, sino que aparecerán presentes de otro modo a través de los edulcorantes, la fructosa, la sacarosa o el jarabe de glucosa, etc. Como bien indican sus expertos, "la OMS recomienda que la ingesta máxima de sal diaria sea de 5 gramos. Se considera que un alimento contiene mucha sal si lleva 1,25 g o más por cada 100 gramos". La fibra es otro elemento a tener en cuenta: "Comer al menos 400 gramos o 5 porciones de frutas y verduras diarias es beneficioso para tu salud… Un consumo diario de 25 g de fibra alimentaria es adecuado en adultos. Para que un alimento pueda declarar que es fuente de fibra tendrá que aportar más de 3 gramos de fibra por 100 gramos", mientras que para que "un alimento pueda declarar que es alto contenido en fibra tendrá que aportar más de 6 gramos de fibra por 100 gramos". En cuanto a las conservas, es mejor elegir las que se envasan al natural o las que se acompañan de aceite de oliva o de oliva virgen extra porque son más saludables. Por otra parte, en lo que respecta al pavo, el jamón cocido y jamón serrano, es preferible elegir aquel que contenga un mayor porcentaje de carne y con el chocolate o el cacao se aplica este mismo consejo, cuanto más alto sea el contenido de cacao mejor. Por último, tendrás que evitar los comestibles que añaden aceites y harinas refinadas, el aceite de palma, potenciadores de sabor como el glutamato, conservantes alimentarios como los sulfitos, y aquellos productos que incrementan su cantidad de sal (frutos secos salados, las patatas fritas al punto de sal, la mantequilla con sal, entre otros) sin que sea necesario. Y en el apartado de yogures ocurre algo parecido, confía en aquellos que no contengan mucho azúcar y prescinde de aquellos que contengan fruta cortada. 


FOTO PRINCIPAL.: Foto de Dollar Gill en Unsplash.
 

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