El estrés, no llevar un estilo de vida saludable, el sedentarismo, la falta de descanso, la baja hidratación, la dermatitis u otros problemas cutáneos (acné, eccema, rosácea, quemaduras solares, etc.), así como la sobreexposición a los cambios climatológicos externos y una limpieza facial inadecuada, acaban haciendo mella en el rostro ...
El estrés, no llevar un estilo de vida saludable, el sedentarismo, la falta de descanso, la baja hidratación, la dermatitis u otros problemas cutáneos (acné, eccema, rosácea, quemaduras solares, etc.), así como la sobreexposición a los cambios climatológicos externos y una limpieza facial inadecuada, acaban haciendo mella en el rostro y en las manos, dejando visibles los signos del paso del tiempo. Aparecen las arrugas, la fatiga, la piel se muestra más apagada con menos luminosidad y elasticidad, está deshidratada y áspera al tacto. Para contrarrestar todo lo anterior hay que hacer un cambio de chip, comer más variado, equilibrado y sano, practicar ejercicio con regularidad, beber agua, aunque no tengamos sed, desmaquillarnos correctamente por mucha pereza que nos dé, procurar descansar las horas necesarias y cuidar la piel. Utilizar protector solar, aunque no sea verano y limpiar la piel antes de irnos a dormir o al levantarnos por la mañana, deben incluirse dentro de la rutina facial.
Primero si no te has maquillado, desmaquíllate. Lava la cara con agua y jabón, sécala con una toalla dando pequeños golpecitos sobre ella. Después, aplica un producto limpiador adaptado a tu tipo de piel, ya sea grasa, seca, sensible o mixta, para purificar la piel y eliminar la suciedad. A continuación, extiende el tónico facial para revitalizar la piel y activar su circulación. Por último, nútrela con una crema hidratante. Reserva en tu calendario dos días a la semana para realizar la exfoliación. Con este producto conseguirás acabar con los puntos negros, las manchas y otorgar luminosidad. Una vez extendido el producto, retira el tónico con agua tibia y seca el rostro con suavidad, ayudándote de una toalla. Termina el proceso de la misma manera, con una hidratación de la piel.
En cuanto a la alimentación, reduce el consumo de alimentos azucarados, evita las harinas refinadas, no te pases tampoco con la sal ni con los embutidos, el tabaco y el alcohol tampoco son bienvenidos si se quiere proteger la piel para que esté sana. Apuesta por comestibles que contengan colágeno, una "proteína que actúa como 'pegamento' y mantiene unidas las células y tejidos", señalan desde sabervivirtv.com. Esta está presente en las carnes magras, como el pollo, el pavo o el conejo, en los huevos, los limones y el pescado azul. Otros productos que debes añadir a la lista de la compra son: la cebolla, los frutos secos, los pimientos, los tomates y la gelatina, tal y como informan en la web.
Un chute de vitaminas para la piel
Existe un tratamiento estético llamado mesoterapia, que consiste en realizar "microinyecciones en la superficie de la piel y la aplicación de ciertas sustancias para que se genere colágeno de mejor calidad", según explica la Dra. Victoria Trasmonte, jefa de servicio de Medicina Estética de la Fundación Jiménez Díaz, en el vídeo publicado en la web de Quirón Salud. Esto se hace para "estimular la superficie de la piel", de modo que lo que se consigue mediante este método es "un daño controlado que inflama la superficie de la piel y llama a las células de reparación, que son las que se encuentran con el colágeno, el ácido hialurónico, las vitaminas… que son los materiales que necesitan para que la piel brille más y se vea más luminosa", añade.
A su vez, en la página web de la Clínica de medicina estética EB aseguran que "las vitaminas faciales que se inyectan con este tratamiento mejoran la elasticidad, reducen los signos de fatiga y aportan un aspecto más joven y saludable. Es una solución ideal para quienes buscan prevenir el envejecimiento y mejorar la calidad de la piel sin recurrir a técnicas invasivas".
FOTO PRINCIPAL.: Foto de Anna Shvets.