El dolor se considera una experiencia individual compleja en la que se incluyen aspectos sensoriales, sociales y emocionales. Cada persona lo padece, interpreta y expresa de manera diferente, pues se ha comprobado que, ante el mismo estímulo, algunas reaccionan con un padecimiento intenso y otras ni se enteran. La incidencia del ...
El dolor se considera una experiencia individual compleja en la que se incluyen aspectos sensoriales, sociales y emocionales. Cada persona lo padece, interpreta y expresa de manera diferente, pues se ha comprobado que, ante el mismo estímulo, algunas reaccionan con un padecimiento intenso y otras ni se enteran.
La incidencia del dolor crónico es elevada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que, en el año 2024 en España, un 32% de la población adulta padece algún tipo de dolor y, aproximadamente un 11%, lo sufre de manera crónica, es decir, presenta al menos un cuadro de dolor que dura meses.
Las causas del dolor son múltiples. Suele presentarse asociado directamente a un problema de salud (una fractura ósea, por ejemplo) como síntoma del proceso. Cuando el problema se supera, es posible que el dolor persista a pesar del tratamiento, generando lo que se describe como dolor crónico. En esta situación, las personas afectadas están sufriendo y presentan síntomas reales, aunque es posible que se considere que se quejan por llamar la atención o de manera innecesaria.
Son numerosas las personas que pueden incluirse en este grupo. Destacarían quienes padecen frecuentes dolores de cabeza por la tensión asociada al estrés o a problemas cervicales, las mujeres a las que les duele la cabeza unos días antes del inicio de la menstruación, los que padecen una enfermedad que cursa con dolor como la fibromialgia o la artritis, que conviven con los síntomas de su patología y el dolor crónico asociado.
El médico debe valorar la situación y realizar el diagnóstico adecuado. Cuando el dolor se presenta por primera vez, puede pasar desapercibido porque consideramos que es una situación normal y lo atribuimos a causas habituales. Cuando el dolor se repite o es intenso y diferente, es preciso consultar al médico para que realice un correcto diagnóstico y paute el tratamiento adecuado. De manera general, realizará una serie de preguntas para elaborar una historia completa, pautará alguna prueba sencilla si la considera necesaria y derivará a un especialista si fuera preciso.
Es necesario evitar la automedicación porque el tratamiento debe ser pautado por el médico. Para reducir el dolor suelen recomendarse:
1-Tratamiento farmacológico. Se emplean analgésicos de diferente intensidad en función del diagnóstico establecido y las necesidades reales del paciente. También pueden pautarse antiinflamatorios (solos o combinados) y, si fuera necesario, relajantes musculares, por ejemplo. Estos fármacos deben ser administrados por el especialista y utilizarlos según las pautas que ha indicado (horario, dosis y duración, entre otras).
2-Cambios en el estilo de vida. Control del peso, manejo adecuado del estrés y realizar actividad física adecuada, entre otros.
3-Fisioterapia y terapia ocupacional. Se recomienda en casos específicos y debe ser realizada por profesionales.